El robot que nunca quiso hablar

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El robot que nunca quiso hablar

Mensaje  Marina Muñoz Cervera el Vie Nov 11, 2011 8:44 pm

En el taller de un científico, experto en robótica, fue recibido el encargo de diseñar un robot con forma humana cuyo objetivo era hacer de sirviente para una familia. Entusiasmados con el proyecto, todos se pusieron manos a la obra; al cabo de una semana el robot ya estaba diseñado y programado para sus funciones, le dieron el aspecto de un hombre joven y moreno y le llamaron Adam; era tan similar a un ser humano que no había forma de diferenciarlo en su aspecto exterior. Muy contentos con su creación, el científico y sus ayudantes enviaron su obra a la familia a la que iba destinado, con un gran libro de instrucciones por si surgían problemas.

Adam se mostró muy atento y cortés en todo momento y servía a la familia en todo aquello que le pedían; por la noche se retiraba a su dormitorio y allí sentado en una silla, porque no necesitaba cama, pasaba las horas hasta el nuevo amanecer; a las 7 en punto de la mañana despertaba a sus dueños y les preparaba el desayuno, una vez hecho esto les escogía la ropa que tenían que ponerse, la planchaba y la adecuaba para cada uno de los miembros de ese hogar. El padre siempre iba vestido con traje de chaqueta, era un importante ejecutivo, tenía que ir correctamente vestido y con seriedad; la madre trabajaba en una empresa editorial y como tal también necesitaba ropa adecuada, moderna pero muy arreglada y los niños, eran tres, iban todos al mismo colegio lo cual facilitaba la tarea del robot porque solamente tenía que preparar sus uniformes durante la semana; los fines de semana todos ellos por si solos escogían sus prendas de vestir que después de usadas, volvía a dejar intactas y las guardaba en el armario correspondiente.

Pasadas dos semanas, uno de los niños extrañado, le preguntó a su padre:
- ¿Porqué Adam no habla? lleva un tiempo en esta casa y hace de todo pero no sale una palabra de su boca.

El padre extrañado ante la pregunta del niño ya no le había dado importancia a ese hecho, le respondió:
- Hijo no sé porque no habla, igual es que nadie le ha preguntado.

El niño se fue corriendo a la zona de lavandería de la casa y le preguntó al robot:
- Adam ¿porqué no hablas?

El inclinó la cabeza hacia abajo miró al niño pero no respondió nada.

El niño, meditabundo, volvió a conversar con su padre y le dijo que la máquina continuaba sin hablar y el padre pensó que posiblemente fuera un error en su programación y así se lo hizo saber al niño.
Llamó al taller del científico preguntando qué problema había con el robot porque no hablaba y había revisado el libro de instrucciones y estaba programado para ello.
El experto extrañado le propuso que llevasen un día a Adam a su taller y él vería que ocurría en ese momento.

Cuando el robot vio al sabio, agachó la cabeza, y su creador le peguntó:
- Adam ¿Por qué no hablas?

El no respondió nuevamente.

Ante esa negativa el experto se lo llevó a uno de los talleres y allí a solas le volvió a repetir la pregunta y entonces Adam contestó:
- No hablo porque soy una máquina sin corazón.

El científico sorprendido, le dijo:
- Fuiste creado así, no eres humano pero eso no te impide hablar y comunicarte con la familia que tanto te quiere desde hace un tiempo.

Adam cabizbajo y con una voz muy tenue, dijo a su vez:
- Yo lo sé, pero poco les querría si yo hablase, en poco podría ayudarles si yo hablase y de poco serviría si yo hablase.

El científico le propuso que le explicase con algunas palabras más lo que quería decir porque no le entendía y Adam así lo hizo:
- No hablo porque hablaría la lógica no un corazón, y de poco serviría mi aplastante lógica sino manifiesto un sentimiento de amor y muy poco les querría si les hablo sin corazón.

El experto, aunque dubitativo, comenzó a entender los razonamientos de Adam pero el problema que él tenía era que la familia quería que el robot hablase y como tal lo habían comprado y así se lo expuso a Adam.

El robot le miró con seriedad y le propuso que les preguntase si era imprescindible que él hablase para continuar en la casa.

Así lo hizo y el padre sorprendido ante la pregunta respondió:
- Imprescindible no es porque lleva dos semanas en nuestra casa y nadie, excepto mi hijo pequeño, se había dado cuenta pero ya por curiosidad doctor ¿porqué no habla Adam? ¿tiene algún defecto irreparable en su funcionamiento?
- No, su maquinaria es perfecta, puede hablar cuanto quiera pero él no quiere y aduce que no puede hablarles desde la lógica sin mostrar sentimientos de amor porque entonces de poco serviría en su casa.

El padre miró a Adam y tras un breve momento de reflexión, le dijo al científico:
- Comprendo muy bien lo que dice, la lógica sin amor puede ser devastadora
Miró al robot y le dijo:
- Para mí no es un problema que no quieras hablar, tu argumento me hace pensar que tienes corazón aun sabiendo que no es así, pero también sé que a esa actitud te lleva la lógica; si te parece volvemos a casa y puedes seguir con nosotros todo el tiempo que tú quieras sin hablar, pero has de prometerme que si algún día quieres hacerlo, lo harás con libertad.
El robot asintió con la cabeza y ambos se fueron del taller.

Pasaron los años y Adam jamás habló y la familia no tuvo ningún problema en continuar con sus excelentes servicios.

Safe Creative #0804060565482

Marina Muñoz Cervera


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